martes, 23 de octubre de 2012

Análisis de partido: Indicadores internos y externos





2012

UNIVERSIDAD DE GUADALAJARA

ADKISSON MUÑOZ CHRISTIAN JAMES



[ANÁLISIS DEL PARTIDO: INDICADORES INTERNOS]
La preparación condicional del futbolista es importante pero es más importante saber medirla, para ello hay indicadores internos y externos, que veremos en este artículo.








Análisis del partido
En los deportes colectivos a cíclicos e intermitentes, como es el caso del fútbol, no se podrá determinar de manera rotunda y con exactitud las cargas a que se someterán los jugadores, en competición, ya que el fútbol es un deporte de situación, es decir, hechos y situaciones que lo modifican y lo califican como imprevisible, pero sí se puede conocer con precisión las cargas que han soportado una vez finalizada la competición. Como consecuencia de esto, los requerimientos fisiológicos del fútbol son mucho más complejos que los de otras disciplinas deportivas, alternando y combinando los diferentes mecanismos de producción de energía, interactuando uno sobre otro a lo largo del partido y haciéndolo también más interesante.


DIAGNÓSTICO DEL RENDIMIENTO

·         ANÁLISIS DEL DEPORTE Y DEL ESFUERZO
·         NIVEL FÍSICO ACTUAL E INICIAL
·         OBJETIVOS A CORTO Y MEDIO PLAZO
·         MÉTODOS DE ENTRENAMIENTO
·         CONTROL DE ENTRENAMIENTO Y PARTIDOS
·         EVALUACIÓN Y RECTIFICACIÓN DEL ENTRENAMIENTO




En condiciones normales, estos requerimientos fisiológicos tienen una estrecha correlación con la capacidad física del jugador, que se puede dividir aproximadamente en los siguientes componentes:

1.    La capacidad para realizar un ejercicio físico de tipo prolongado e intermitente muy relacionada con la capacidad aeróbica o de resistencia.
2.    La capacidad para realizar un trabajo físico a alta intensidad. Muchas de las acciones que pueden influir en el resultado final se desarrollan a alta intensidad, por lo que es importante que los jugadores realicen repetidamente acciones a alta intensidad, es decir, que un jugador sea apto en su destreza técnica tanto en la parte inicial como en la parte final del encuentro.
3.    La capacidad de aceleración y desarrollo de esprín.
4.    La capacidad para desarrollar un elevado nivel de potencia en una acción de juego con el balón, en saltos, contrastes, aceleraciones, desaceleraciones, cambios de dirección y en todos los esfuerzos en que se comprometen las características de fuerza.
Estos requisitos funcionales, previamente enumerados como preparación condicional[1], y representados por las características del sistema cardiocirculatorio y muscular combinado con la acción del sistema nervioso, podrán determinar de forma aproximada el perfil físico del futbolista que intentaré describir con más detalle.

La carga del ejercicio de la competencia, una vez valorada, debe ser el punto de referencia a la hora de realizar la selección y los medios de entrenamiento. La competición física será la que determine los objetivos y los medios del entrenamiento físico.

En el futbol actual, la distancia media cubierta por los jugadores de alto nivel se ha calculado que es aproximadamente 11 km en un partido(Alfano 2011), a lo que corresponde una velocidad media de carrera de 7,4 km/h. Este valor, si bien es necesario e importante constituye una medida exclusivamente significativa del gasto energético realizado por los jugadores.

Basándose en estas consideraciones se puede estimar que los futbolistas utilizan aproximadamente el 70% del VO máx.
La información acerca de la estructura del desarrollo del trabajo en el partido y los factores que coinciden el resultado permitirá dirigir el entrenamiento y pronosticar los requerimientos para obtener resultados.



Un gran número de variables fisiológicas experimentan cambios durante la competición, pero de todas aquellas, la frecuencia cardiaca, la concentración de lactato en sangre y el porcentaje de consumo de oxígeno, al que se ejercitan los jugadores nos darán la información suficiente para determinar las exigencias del deporte.


La frecuencia cardiaca es el número de veces que se contrae el corazón durante un minuto (latidos por minuto). Para el correcto funcionamiento del organismo es necesario que el corazón actúe bombeando la sangre hacia todos los órganos, pero además lo debe hacer a una determinada presión (presión arterial) y a una determinada frecuencia. Dada la importancia de este proceso, es normal que el corazón necesite en cada latido un alto consumo de energía.
La frecuencia cardíaca (Fc) es un parámetro usado habitualmente para determinar la intensidad de un entrenamiento o actividad. Esta Fc de entrenamiento se suele dar en porcentajes relativos al máximo de la frecuencia cardíaca, y aqui es donde podemos diferenciar varios métodos para calcular la intensidad óptima de un entrenamiento.
Cálculo de intensidad a partir de la Fc máxima: un método sencillo para calcular Fc máxima es restando a 220 nuestra edad, así, si mi edad es de 30 años, la Fc máxima será de 190 pulsaciones por minuto (ppm), y por tanto el 100% de mi Fc máxima es 190 ppm y el 50% sería 95 ppm.
Fc máxima = 220-edad
Otra manera más exacta de calcular la Fc de entrenamiento es usando la frecuencia cardíaca de reserva, mediante la fórmula de Karvonen[2].
La frecuencia cardíaca de reserva tiene en cuenta no sólo la Fc máxima, sino también la Fc en reposo, por tanto se ajustará aún más a nuestras posibilidades y estado de forma.
Fc de reserva = Fc máxima-Fc en reposo
Con respecto a otro indicador interno como el ácido láctico, que ha sido utilizado para valorar el rendimiento de los deportistas, éste es un parámetro que tiene un importante papel como indicador de la intensidad del ejercicio desarrollado. Se puede establecer unos valores promedio de lactato sanguíneo de 4-5 mmol/l(González 2005).
Existen notables variaciones en los valores obtenidos por diferentes autores. Estas variaciones se deben, como es lógico, a las características del esfuerzo realizado en minutos previos a la toma de la muestra. Ante estas variaciones, algunos autores han intentado fraccionar los 90 minutos en mediciones periódicas de lactacidemia. Los resultados se muestran relativamente estables a lo largo del partido.
Las características de la actividad pueden estar influidas por la capacidad física. En una respiración tranquila y normal se produce un volumen de ventilación pulmonar en torno a los 500 ml. A continuación si la persona realiza una inspiración forzada, el volumen se va a elevar y este volumen va a recibir el nombre de reserva inspiratoria que va a ser aproximadamente seis veces el volumen de ventilación pulmonar (3000mililitros). Después, si se produce una espiración forzada, nos da el volumen de reserva espiratoria, el V.R.E, el cual está en torno a los 1100ml, tras una espiración forzada, hay una cantidad de aire que siempre permanece en los pulmones, recibiendo el nombre de volumen residual, y esta en torno a los 1200ml. Teniendo en cuenta estos parámetros, hablamos de volumen respiratorio por minuto. VR/min. será las veces que entre el volumen de ventilación pulmonar por las veces que respiramos, que es la frecuencia respiratoria (Fr):
Volumen Resp/min = Vvp Ã- Fr = 500Ã-12 = 6000ml/min
Decimos entonces que la frecuencia respiratoria es de 12-13 veces/min. en condiciones normales.
Capacidades pulmonares son sumatorio de ciertos volúmenes:
-Capacidad inspiratoria pulmonar, se suma el volumen de reserva, más todo lo que se puede inspirar.
VVP + VRI = 3500ml.
- Capacidad espiratoria pulmonar: aquella que se puede eliminar.
VVP + VRE = 1600ml.
- Capacidad Vital pulmonar: que recoge toda la capacidad inspiratoria y espiratoria.
CVP = VRI + VVP + VRE = 4600ml.
- Capacidad pulmonar total: CVP + Volumen Residual
CPT = CVP + VRE = 5800ml.




Glucógeno muscular
Las características del esfuerzo requerido en un partido de fútbol hacen que se utilicen significativamente sustratos energéticos, siendo el glucógeno el sustrato clave. Un incremento en la intensidad del ejercicio llevará asociado un incremento en la participación de los hidratos de carbono como combustible energético.  Si la duración del ejercicio continúa, será necesario movilizar las reservas de glucógeno para que de esta manera se mantengan los valores circulantes de glucosa, de tal forma que si éstos no se pueden mantener, la intensidad del ejercicio se verá reducida. Como ya sabemos, las grasas participan en los ejercicios de tipo aeróbico pero no en los anaeróbicos, y éste es el motivo de que cuando se aumenta la intensidad del ejercicio, aumente la contribución de los hidratos de carbono y no la de la grasa. De hecho, para una intensidad de ejercicio del 50% de VO 2máx dos tercios de la energía consumida es en forma de grasa, pero cuando ésta pasa al 75% de VO 2máx los hidratos de carbono pasan a ser la principal fuente de energía, y la respuesta es similar tanto en varones como en mujeres.
Los depósitos de hidratos de carbono en el organismo son escasos si consideramos la cantidad total que se podría utilizar durante el ejercicio, ya que en ejercicios de intensidad realizados por deportistas entrenados se utilizan a una velocidad de 3-4 g/min, de tal forma que si el ejercicio se prolonga, a las 2  habrá una depleción total en los valores de glucógeno.(Cometti 2002)
En ejercicios anaeróbicos de alta intensidad y corta duración la energía es suministrada exclusivamente por el fosfato de creatina y los hidratos de carbono, de tal forma que como consecuencia de la glucólisis anaeróbica hay una gran producción del lactato. Como ejemplo se podría decir que un sprint de 30 s de duración es suficiente para producir un descenso en los valores de glucógeno de hasta el 32% de su valor inicial.








Alfano, Juan Manuel. Fútbol: Cúando y cómo entrenar la resistencia del futbolista. Badalona: Paidotribo, 2011.
Cometti, Gilles. Prepación física en el futbol. Barcelona: Paidotribo, 2002.
González, Ariel. Programas de entrenamiento físico. México d.f.: Federación Mexicana de Futbol, 2005.







[1] Preparación física del deportista, en este caso del futbolista
[2](FC máx.-FC rep)xint/100 + FC rep.
[3]Presencia de ácido láctico en la sangre; su tasa normal es de 10 a 15 mg/100.

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