2012
|
|
UNIVERSIDAD
DE GUADALAJARA
ADKISSON
MUÑOZ CHRISTIAN JAMES
|
[ANÁLISIS DEL PARTIDO: INDICADORES INTERNOS]
|
La preparación condicional del futbolista es importante
pero es más importante saber medirla, para ello hay indicadores internos y
externos, que veremos en este artículo.
|
En los deportes colectivos a cíclicos e intermitentes, como es el
caso del fútbol, no se podrá determinar de manera rotunda y con exactitud las
cargas a que se someterán los jugadores, en competición, ya que el fútbol es un
deporte de situación, es decir, hechos y situaciones que lo modifican y lo
califican como imprevisible, pero sí se puede conocer con precisión las cargas
que han soportado una vez finalizada la competición. Como consecuencia de esto,
los requerimientos fisiológicos del fútbol son mucho más complejos que los de
otras disciplinas deportivas, alternando y combinando los diferentes mecanismos
de producción de energía, interactuando uno sobre otro a lo largo del partido y
haciéndolo también más interesante.
DIAGNÓSTICO
DEL RENDIMIENTO
·
ANÁLISIS DEL
DEPORTE Y DEL ESFUERZO
·
NIVEL FÍSICO
ACTUAL E INICIAL
·
OBJETIVOS A CORTO
Y MEDIO PLAZO
·
MÉTODOS DE
ENTRENAMIENTO
·
CONTROL DE
ENTRENAMIENTO Y PARTIDOS
·
EVALUACIÓN Y
RECTIFICACIÓN DEL ENTRENAMIENTO
|
En condiciones normales, estos requerimientos fisiológicos tienen
una estrecha correlación con la capacidad física del jugador, que se puede
dividir aproximadamente en los siguientes componentes:
1.
La capacidad para
realizar un ejercicio físico de tipo prolongado e intermitente muy relacionada
con la capacidad aeróbica o de resistencia.
2.
La capacidad para
realizar un trabajo físico a alta intensidad. Muchas de las acciones que pueden
influir en el resultado final se desarrollan a alta intensidad, por lo que es
importante que los jugadores realicen repetidamente acciones a alta intensidad,
es decir, que un jugador sea apto en su destreza técnica tanto en la parte
inicial como en la parte final del encuentro.
3.
La capacidad de
aceleración y desarrollo de esprín.
4.
La capacidad para
desarrollar un elevado nivel de potencia en una acción de juego con el balón,
en saltos, contrastes, aceleraciones, desaceleraciones, cambios de dirección y
en todos los esfuerzos en que se comprometen las características de fuerza.
Estos requisitos funcionales, previamente enumerados como
preparación condicional[1], y
representados por las características del sistema cardiocirculatorio y muscular
combinado con la acción del sistema nervioso, podrán determinar de forma
aproximada el perfil físico del futbolista que intentaré describir con más
detalle.
La carga del ejercicio de la competencia, una vez valorada, debe
ser el punto de referencia a la hora de realizar la selección y los medios de
entrenamiento. La competición física será la que determine los objetivos y los
medios del entrenamiento físico.
En el futbol actual, la distancia media cubierta por los jugadores
de alto nivel se ha calculado que es aproximadamente 11 km en un partido(Alfano 2011), a lo que
corresponde una velocidad media de carrera de 7,4 km/h. Este valor, si bien es
necesario e importante constituye una medida exclusivamente significativa del
gasto energético realizado por los jugadores.
Basándose en estas consideraciones se puede estimar que los
futbolistas utilizan aproximadamente el 70% del VO máx.
La información acerca de la estructura del desarrollo del trabajo
en el partido y los factores que coinciden el resultado permitirá dirigir el
entrenamiento y pronosticar los requerimientos para obtener resultados.
Un gran número de variables fisiológicas experimentan cambios
durante la competición, pero de todas aquellas, la frecuencia cardiaca, la
concentración de lactato en sangre y el porcentaje de consumo de oxígeno, al
que se ejercitan los jugadores nos darán la información suficiente para determinar
las exigencias del deporte.
La frecuencia cardiaca es el número de veces que se contrae el
corazón durante un minuto (latidos por minuto). Para el correcto funcionamiento
del organismo es necesario que el corazón actúe bombeando la sangre hacia todos
los órganos, pero además lo debe hacer a una determinada presión (presión
arterial) y a una determinada frecuencia. Dada la importancia de este proceso,
es normal que el corazón necesite en cada latido un alto consumo de energía.
La frecuencia cardíaca (Fc) es un parámetro usado habitualmente
para determinar la intensidad de un entrenamiento o actividad. Esta Fc de entrenamiento se suele dar en porcentajes relativos
al máximo de la frecuencia cardíaca, y aqui es donde podemos diferenciar varios
métodos para calcular la intensidad óptima de un entrenamiento.
Cálculo de intensidad a partir de
la Fc máxima: un método sencillo para calcular Fc máxima es restando a 220
nuestra edad, así, si mi edad es de 30 años, la Fc máxima será de 190
pulsaciones por minuto (ppm), y por tanto el 100% de mi Fc máxima es 190 ppm y
el 50% sería 95 ppm.
Fc máxima = 220-edad
Otra manera más exacta de calcular
la Fc de entrenamiento es usando la frecuencia cardíaca de reserva, mediante la
fórmula de Karvonen[2].
La frecuencia cardíaca de reserva tiene en cuenta no sólo la Fc
máxima, sino también la Fc en reposo, por tanto se ajustará aún más a nuestras
posibilidades y estado de forma.
Fc de reserva = Fc máxima-Fc en
reposo
Con respecto a otro indicador
interno como el ácido láctico, que ha sido utilizado para valorar el
rendimiento de los deportistas, éste es un parámetro que tiene un importante
papel como indicador de la intensidad del ejercicio desarrollado. Se puede
establecer unos valores promedio de lactato sanguíneo de 4-5 mmol/l(González 2005).
Existen notables variaciones en
los valores obtenidos por diferentes autores. Estas variaciones se deben, como
es lógico, a las características del esfuerzo realizado en minutos previos a la
toma de la muestra. Ante estas variaciones, algunos autores han intentado
fraccionar los 90 minutos en mediciones periódicas de lactacidemia. Los
resultados se muestran relativamente estables a lo largo del partido.
Las características de la
actividad pueden estar influidas por la capacidad física. En una
respiración tranquila y normal se produce un volumen de ventilación pulmonar en
torno a los 500 ml. A continuación si la persona realiza una inspiración
forzada, el volumen se va a elevar y este volumen va a recibir el nombre de
reserva inspiratoria que va a ser aproximadamente seis veces el volumen de
ventilación pulmonar (3000mililitros). Después, si se produce una espiración
forzada, nos da el volumen de reserva espiratoria, el V.R.E, el cual está en
torno a los 1100ml, tras una espiración forzada, hay una cantidad de aire que
siempre permanece en los pulmones, recibiendo el nombre de volumen residual, y
esta en torno a los 1200ml. Teniendo en cuenta estos parámetros, hablamos de
volumen respiratorio por minuto. VR/min. será las veces que entre el volumen de
ventilación pulmonar por las veces que respiramos, que es la frecuencia
respiratoria (Fr):
Volumen
Resp/min = Vvp Ã- Fr = 500Ã-12 = 6000ml/min
Decimos entonces que la frecuencia respiratoria es de 12-13
veces/min. en condiciones normales.
Capacidades pulmonares son sumatorio de ciertos volúmenes:
-Capacidad inspiratoria pulmonar, se suma el volumen de reserva,
más todo lo que se puede inspirar.
VVP + VRI =
3500ml.
- Capacidad espiratoria pulmonar: aquella que se puede eliminar.
VVP + VRE =
1600ml.
- Capacidad Vital pulmonar: que recoge toda la capacidad
inspiratoria y espiratoria.
CVP = VRI +
VVP + VRE = 4600ml.
- Capacidad pulmonar total: CVP + Volumen Residual
CPT = CVP +
VRE = 5800ml.
Glucógeno muscular
Las características del esfuerzo requerido en un partido de fútbol
hacen que se utilicen significativamente sustratos energéticos, siendo el
glucógeno el sustrato clave. Un incremento en la intensidad del ejercicio
llevará asociado un incremento en la participación de los hidratos de carbono
como combustible energético. Si la
duración del ejercicio continúa, será necesario movilizar las reservas de
glucógeno para que de esta manera se mantengan los valores circulantes de
glucosa, de tal forma que si éstos no se pueden mantener, la intensidad del
ejercicio se verá reducida. Como ya sabemos, las grasas participan en los
ejercicios de tipo aeróbico pero no en los anaeróbicos, y éste es el motivo de
que cuando se aumenta la intensidad del ejercicio, aumente la contribución de
los hidratos de carbono y no la de la grasa. De hecho, para una intensidad de
ejercicio del 50% de VO 2máx dos tercios de la energía consumida es
en forma de grasa, pero cuando ésta pasa al 75% de VO 2máx los
hidratos de carbono pasan a ser la principal fuente de energía, y la respuesta
es similar tanto en varones como en mujeres.
Los depósitos de hidratos de carbono en el organismo son escasos
si consideramos la cantidad total que se podría utilizar durante el ejercicio,
ya que en ejercicios de intensidad realizados por deportistas entrenados se
utilizan a una velocidad de 3-4 g/min, de tal forma que si el ejercicio se
prolonga, a las 2 habrá una depleción
total en los valores de glucógeno.(Cometti 2002)
En ejercicios anaeróbicos de alta intensidad y corta duración la
energía es suministrada exclusivamente por el fosfato de creatina y los
hidratos de carbono, de tal forma que como consecuencia de la glucólisis
anaeróbica hay una gran producción del lactato. Como ejemplo se podría decir
que un sprint de 30 s de duración es suficiente para producir un descenso en
los valores de glucógeno de hasta el 32% de su valor inicial.
Alfano, Juan Manuel. Fútbol: Cúando y cómo
entrenar la resistencia del futbolista. Badalona: Paidotribo, 2011.
Cometti, Gilles. Prepación física en el futbol.
Barcelona: Paidotribo, 2002.
González, Ariel. Programas de entrenamiento
físico. México d.f.: Federación Mexicana de Futbol, 2005.
No hay comentarios:
Publicar un comentario